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24 abril, 2020
  • Antes de lavar.

Un gesto que ayuda (y mucho) a mantener la salud de tu cabello es cepillarlo no sólo por la noche, sino también antes de lavarlo. Así evitas que se enrede en mojado, deshaces nudos que podrían dificular la penetración del champú y facilitas también el posterior desenredado (precisamente cuando el cabello está húmedo se encuentra en su estado de mayor debilidad y con mayor tendencia a sufrir rotura)

  • La temperatura del agua.

Quién no ha escuchado (más de una vez) lo bueno que es para el cabello hacer el último aclarado con agua fría. Y aunque este gesto es más que recomendable y cierto (el agua fría estimula la circulación sanguínea y cierra la cutícula, lo que se traduce en un cabello más brillante) también es importante la temperatura del agua con la que haces todo el lavado.

  • No frotar

Aunque es una creencia generalizada (la de frotar el cabello vivamente creyendo que cuanta más espuma, más eficaz será el lavado) los expertos confirman que es errónea y contraproducente. ¿Los motivos? “Frotando el cuero cabelludo activarás las glándulas sebáceas y se producirá un efecto rebote. Lo que realmente limpia el cabello es el champú. La función de los dedos es únicamente la de repartir el champú en todo el cuero cabelludo”,

  • Un peine de púas anchas.

Aunque es necesario desenredar el cabello cuando está mojado, es importante recordar que éste es el estado de mayor fragilidad. De ahí que sea fundamental saber elegir el tipo de cepillo a usar. Es por eso que los expertos ecomiendan apostar por peines de púas anchas. 

  • Un aceite

El aceite restaura el contenido de cada fibra capilar haciendo que cada una se vuelva translúcida de nuevo, produciendo ese maravilloso brillo que lucen los cabello sanos. ¿El modo de aplicación de los tratamientos en aceite? Dos veces por semana, mechón a mechón y, si puedes, dejándolo actuar de 20 minutos a varias horas. 

  • Saber elegir.

La salud de tu cabello depende mucho de la calidad y del tipo de productos que uses. De ahí que sea fundamental saber el estado en el que se encuentra tu cuero cabelludo para poder elegir correctamente el champú que necesita. Para saberlo, puedes llevar a cabo una comprobación muy sencilla pero muy eficiente: abre una raya en tu cuero cabelludo y observa su color. Si el color es rosado, está sano (con lo cual puedes usar un champú normal en función del resultado que quieras elegir: más volumen, liso… En cambio, si el cuero cabelludo tiene un color opaco o grisáceo, posiblemente tengas un problema de riego sanguíneo y de cabello seco. Y si es un color amarillento, son indicios de tendencia grasa. Elige en estos dos casos un champú específico para cada problema.

 

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