María José Padgett y la magia de Zindagi

La  conocimos en un café al aire libre en Tegucigalpa, con nuestras verdes montañas a lo lejos. Vestida con un chaleco largo café, blusa blanca, sus cabellos en una cola, María José luce   aretes de diseño contemporáneo con cierto look antiguo. Por casualidad era el día del 24 cumpleaños de esta joven de lindos sentimientos, finos modales y educación privilegiada, contándonos su historia con alegría, hablándonos de su empresa virtual de bisutería fina y accesorios diseñados en India, con el nombre Zindagi, que significa “vida”.

María José es hija de Mario y Gracia Padgett padres de un hogar unido. Estudió en la Academia Los Pinares  en las montañas que rodean Tegucigalpa. Desde joven llegó a tener inquietudes políticas, al sentir que conocía lo mejor de dos mundos. Entre sus amigos tiene a hijos de políticos locales, aunque también le había tocado ver de cerca la pobreza y necesidades de Honduras. Desde joven participó en misiones de la mano de su iglesia Impacto, en un organización llamada POI. Conforme fue creciendo sus visitas a barrios pobres le fueron cambiando su visión no solo de su país, sino de lo que eventualmente podría hacer por él.

Durante su penúltimo año, hizo muchos amigos durante una misión con Pinares a un orfanato llamado  Finca de los Niños en Valle de Ángeles. Un amigo la invitó a su prom en Texas, viaje que la llevó a considerar estudiar en el estado al sur de Estados Unidos, famoso por sus buenas escuelas.  Aquella primera ocasión, viajó acompañada de una amiga, conociendo Dallas.  

La familia que la recibió quedó encantada con ella, y cuando se graduó le ofrecieron quedarse con ellos su primer año, oportunidad que supo aprovechar, asistiendo a clases en uno de los colegios locales mientras optaba por una beca. María José logra en su segundo año una media beca en Southern Methodist University, SMU. Allí cursó un B.A. en Mercados y cultura (Markets and Culture), carrera que según la página de SMU “brinda a los estudiantes la oportunidad de conocer los mercados mundiales desde un punto de vista interdisciplinario tomando cursos básicos en el campo de la sociología económica y habilidades básicas en contabilidad, gestión de bases de datos y escritura de negocios”. El enfoque le dio oportunidad de analizar otras formas de pensar y ser de muchos países, entre ellos la de la India, sin saber que pronto viajaría a conocer este exótico país desde la perspectiva más interesante posible: de la mano de uno de los suyos.

Un encuentro inesperado

Un lado fascinante de estudiar en el extranjero, es el chance de hacer amistades de otras culturas del mundo y en enero de 2014, quiso Dios que María José conociera a un chico especial, casualmente de India, llamado Arjan. Los jóvenes cultivaron algo más que una linda amistad y para agosto de ese mismo año sus padres le invitaron a viajar a India, curiosos por conocer a la chica que había cautivado a su hijo. Fue así que ella llegó por primera vez al remoto país asiático, quedando fascinada desde que llegó.  

Más allá de su amistad con Arjan y su familia, que prevalece hasta hoy, India es para ella un descubrimiento que dio a luz a una iniciativa de fuerte aceptación: una empresa de joyas y accesorios elaborados en India. Desde esa primera vez, María José las escoge, diseña y vende con el uso de la web, propagando la riqueza cultural de este país, que siente que representa como embajadora de su país allá y de la India en nuestro país.

La India que ella descubrió

India es un país enorme, multicultural. Documentales nos inundan con imágenes de calles repletas de puestos comerciales por las que transitan animales y personas por igual. Para María José este país es mucho más: “India es un lugar tan diferente al mundo en el que crecí. Aprendí allí que la belleza de las culturas está en que todos seamos diferentes, únicos, porque podemos aprender más uno del otro cuando no somos iguales. Es más fácil llevarse con personas parecidas a nosotros, con quienes compartimos gustos, ideas, estilo, etc. Pero si nos quedamos así, no creceremos. No sabremos ver más allá ni mejoraremos como individuos, porque quedamos atrapados en una burbuja”. 

“Fue y es un sueño llegar allá, y ver cómo las personas se comportan, se sienten, conviven, pasan su vida. Sí, es cierto, en India hay pobreza, suciedad, tráfico, y contaminación, pero también hay felicidad y armonía. Mientras paso a orillas de una gran rotonda, veo sentados en una barbería a cinco hombres esperando turno, tomando chai y muriéndose de la risa. Todo esto a la hora pico de tráfico, pitos sonando hasta el infinito, polvo por doquier, y un calor desesperante. Y estas personas a pesar de su situación, están felices. Pongo mi propia vida en perspectiva: Cuando estoy triste, ¿por qué estoy triste? Cuando me siento cansada ¿Por qué me siento cansada? Reflexiono y veo que yo lo tengo súper bien, fenomenal”.

 

Una de las ciudades favoritas de María José es Jaipur, la “ciudad rosa”,  al norte del país, famosa por su arquitectura antigua. “Me fascina pasar por rotondas enormes, fuentes y monumentos, ver gente volando papelotes, parejas felices en la grama, chicos jugando cricket, disfrutando. Aunque tienen problemas, saben pausar y disfrutar la vida, comer un helado con su familia. “India me recuerda las cositas que hacen la vida bonita”, comparte.  A María José le ha tocado este país, cuya gente cree mucho en el “karma”, que se resume en que todo lo que haces a los demás de alguna forma se te revierte, certeza que ha creado un país de gente amable, fascinante y feliz para ella.

 

Otro aspecto que le impresiona es la actitud de este país hacia el trabajo, en especial en la mujer. “Es increíble ver mujeres trabajando en India. En una construcción por ejemplo, verás mujeres hermosas con saris de mil colores, pulseras literalmente hasta los codos, un bindi en su frente, levantando bloques o moviendo material con palas. Verlas me recuerda lo fuertes que somos, tanto que podemos hacer trabajo pesado”. La gente le pregunta si es cierto que los hombres son tan machistas y controladores como se dice, y ella ríe. “Veo más de eso aquí que allá. En India, los artesanos con quienes trabajo me felicitan, me admiran, les da gusto trabajar con una mujer joven. Mis amigos y mentores me guían, aconsejan y recuerdan lo fuerte que soy y puedo llegar a ser. En India, también, paso rodeada de mujeres fuertes que me motivan, ayudan, aconsejan y se alegran por mis logros y éxitos, algo que quiero poner en práctica en Honduras”, dice. 

 

También le han marcado las habilidades de los creativos que elaboran piezas para Zindagi: “Me inspira ver a las personas hacer su arte en joyas, pinturas, telas, zapatos y bordados. Me lleno de ideas, me fascina el arraigo que tienen hacia su historia, cultura y arte y que las mujeres vistan sus saris, dhotis, lehengas, sin dejarse “occidentalizar” (por así decir). Al igual los hombres, ellos visten sus kurtas largas de lino o algodón, y sus nehru jackets que me fascinan. Quiero conservar lo antiguo y tradicional, las piezas y arte milenario”.  Siente que viaja en el tiempo con Zindagi: “me transporto con mis piezas, las imagino en las maharanis (princesas) con chaand balis o jhumkis, con los aretes de Zindagi en la antigüedad”.

 

Otro aspecto es la hospitalidad, amabilidad y fe de la gente, le parece incomparable. “Voy a India, y me siento como una diosa”, se ríe, “la gente te trata con respeto y amabilidad desde que llegas: lo disfrutan, quieren servirte y atenderte lo mejor posible. Me han llevado a mí también a dar lo mejor de Honduras y a honrar a Dios con mi manera de actuar, de tratarlos y de hablarles”.

 

María José siente un paralelo de la gente de India con el cristianismo. Le recuerdan a Jesús a pesar de no conocerle cuando se olvidan de sí mismos para ayudar al vecino. Una vez un mayordomo la mandó a traer en rickshaw (bici taxi), ella no andaba efectivo y él se encargó de la tarifa. Cuando ella intentó pagarle, él no aceptó ya que era un honor poder pagar su viaje. “¡Lo hizo con tanto cariño, tantas ganas!” “Me encanta pensar que veo el amor de Jesús por todas partes allá. Es una yuxtaposición, porque millones de personas no saben quién es Cristo, pero actúan a veces mejor que yo como cristiana. Son devotos, honran a sus dioses de manera que les agrade a ellos. Increíble pensar que en un lugar tan lejano a mis creencias, soy recordada a vivir mi vida como Dios quiere y a honrarlo con mis acciones”. 

 

En síntesis María José siente que viajar a India (va dos o tres veces al año) le hace mejor persona, le ablanda el corazón, llega a querer y respetar sin considerar estatus sociales, aprende a querer quienes no piensan o actúan igual. “India me ha acercado a Dios, me inspira a ser luz donde vaya. Ha cambiado mi Zindagi (que quiere decir “vida”) y eso es lo que espero sea la voluntad de Dios con mi compañía, poder tocar muchas Zindagis e inspirar a ser el bien que ya casi no se ve en este mundo. 

 

María José sigue viviendo en Texas, desde donde maneja su negocio. Pero no olvida a Honduras, conservando su deseo por ayudar a su país, al que pronto regresará. “Me encantaría ver la sociedad hondureña apoyarse más. Aunque le cueste expresarlo, dice: “a Honduras le falta cultura, actividades fuera de ir al café o a bares. Faltan actividades que permitan salir de su comfort zone, que nos reten y ayuden a crecer. Vivimos una vida donde solo importa cómo andemos vestidos, qué carro andamos, cuánto tomamos y gastamos en la salida del viernes”, acierta. “No quiero generalizar, pero he escuchado esa conversación tantas veces: no hay de qué hablar, no tenemos temas que vayan más allá que hablar de la gente. Si tuviéramos actividades que expandieran nuestro conocimiento, tendríamos temas de conversación bellos”. Menciona el MIN (Museo para la Identidad Nacional): “me encanta porque ha llevado a la gente de regreso al centro, a ver lugares históricos, exhibiciones y temas diferentes: debemos apoyarlo”. 

Y sueña: “me encantaría vivir en una sociedad donde lo diferente se celebre, no se juzgue. Ando vestida de cierta forma, y escucho a la gente criticarme porque me visto diferente, “rara”. Eso es lo bello de la vida, ser distintos, como Dios nos creó y no clones”.   Hoy  en Zindagi, enriquecida por su conocimiento de esta cultura siente orgullo por sus raíces. “Me siento orgullosa de ser hondureña. Sé que muchas personas no son quienes quieren ser por lo que dirá la gente. Clientes me han agradecido, ya que ser “bold” les he ayudado a sentirse seguras de sí mismas: nada más bello que eso”. 

 

María José vuelve a su primer viaje misionero en 2006 en Tegucigalpa, en colonia Ayestas. “Vi tantas cosas mientras caminábamos entregando canastas básicas y biblias. Entramos a una cuartería mientras un hombre abandonaba a su esposa, quien le rogaba que se quedara. Más allá vi a una familia entera viviendo en un cuarto muy pequeño, comiendo lo básico, tratando de cocinar en una estufa portátil en el piso. Luego vi a una mamá golpear a un niño por haber botado el pan recién hecho para vender. Yo tenía 13 años, una cipota sin la más mínima idea de lo que era la vida y todo esto abrió mis ojos. Al ir a jugar con niños de escuelas públicas, ellos eran felices en una cancha de concreto con un charco de orín y agua que salía de servicios descompuestos. Se me aguan los ojos al recordar que pensé: ¿Cómo puedo quejarme de mi escuela o porque tengo muchas tareas, cuando estos niños apenas recibían clases? Esta experiencia me fortaleció, y a la vez me hizo más vulnerable a los problemas de otras personas. Me ayudó a ser más comprensiva, a querer a las personas sin importar lo que tengan. Conocí a tantas personas con talento y tanto que ofrecer y pensé, “cómo es posible que yo tenga tantos recursos, y no haga nada?”

 

Zindagi

Al graduarse, María José debió trabajar un tiempo con una empresa para su permiso de trabajo,  y eligió una empresa de raíces mexicanas llamada “Mi Golondrina”, que la capacitó mejor  en el comercio virtual. Pronto, inspirada en sus viajes a India y motivada por la madre de Arjan, una ex súper modelo conocedora de la moda India e internacional, fue consolidando su marca, Zindagi.  Basada en Dallas, hoy su portal shopzindagi.com la ubica como una influencia importante, permitiendo que sus clientes tengan acceso a bellas joyas y accesorios producidos desde India para todo el mundo, especialmente a Honduras. “Quiero que mis artículos permitan a la gente aprender de otras culturas, creencias, dándole también a los demás nuevos temas de conversación. Para mí  Zindagi, es más que simplemente joyas. Mi misión es educar a través de la moda, llevando técnicas centenarias. Quiero crecer como compañía, establecer relaciones que me permitirán apoyar a otras personas. Lo más bello de mi negocio ha sido conocer clientes y contarnos nuestras historias de vida”.

Y termina “los hondureños debemos pedirle a Dios que nos haga quien Él quiere que seamos, que podamos usar los talentos que nos ha dado para ayudarnos, para crecer, para inspirarnos. Alegrémonos por los proyectos de otros, apoyémonos, hagamos las cosas con amor. Y como siempre digo, no es difícil ser amable, respetémonos unos a otros”. 

 

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 Con su marca Zindagi María José escoge, a veces diseña y vende joyas y accesorios con el uso de la web, propagando la riqueza cultural de la India.

“En India la gente te trata con respeto y amabilidad desde que llegas: lo disfrutan, quieren servirte y atenderte lo mejor posible, se alegran de tus logros, algo que me encantaría que pasara  más aquí”.

“Quiero crecer como compañía, establecer relaciones que me permitirán apoyar a otras personas. Lo más bello de mi negocio ha sido conocer clientes y contarnos nuestras historias de vida”