PREPARACIÓN PSICOLÓGICA EN CÁNCER DE MAMA

PREPARACIÓN PSICOLÓGICA EN CÁNCER DE MAMA

Con alguna frecuencia me preguntan cuál es la mejor manera de preparar psicológicamente a alguien a quien se le ha diagnosticado cáncer de mama. Procuro brindar la mejor información posible, pero la mayoría de las veces les cuento la historia de mi esposa, Virginia Figueroa Girón, quien ya tiene más de veinte años de haber sido operada de cáncer de mama y de recibir sesiones de quimioterapia, así como de radioterapia. Ella siempre ha sido una mujer optimista, estudiosa y trabajadora.

Cuando le pregunto acerca de su optimismo, me contesta citando las palabras de su padre:
“¿Hasta dónde quieren volar? Nos preguntaba nuestro padre y agregaba: El cielo es límite para la felicidad. Si a los conocimientos le añaden capacidad creativa, deseos de superación y una equilibrada autoestima, podrán llegar muy lejos.” “Los cuatro hermanos hicimos la primaria en escuelas públicas, y la secundaria en el Instituto Central Vicente Cáceres; dos cursamos estudios universitarios en la UNAH y los otros dos en México”.

Pensativa, pero sin asomos de tristeza, expresa: “Recuerdo fotografías de mis abuelos paternos: En la más grande se observa una hermosa mujer de tez blanca, sentada en una silla, con vestido de encaje fino y un corsage en su pecho izquierdo. A su lado, un caballero elegante (abogado y coronel), también de tez clara y con bigote. Ella… —y en este momento mi papá al relatarlo se ponía triste—, murió muy joven de cáncer de mama, dejándolo siendo apenas un adolescente…”.

Virginia,cuenta: “Desde mi infancia oí hablar del cáncer de mama, de la posibilidad de un factor hereditario. Posteriormente dos primas de mi madre padecieron esta enfermedad, una de ellas falleció y la segunda aún vive, siendo una honorable anciana”.

“Con estos antecedentes —me pregunta ella—, ¿Está alguien preparado psicológicamente para padecer de cáncer de mama? ¡No! Nadie lo está… Cuando somos jóvenes pensamos mucho en el futuro, nos hacemos planes y la vida nos sonríe. Pero ahora, con toda la información médica moderna a nuestro alcance, debemos aceptar que una de cada diez mujeres, puede presentar cáncer de mama y, por ello, es aconsejable hacerse mensualmente un auto examen de mamas, llegarlas a conocer tan bien que podamos detectar minúsculas formaciones. Ese exámen puede salvar una vida. ¡Me la salvó a mí y te la puede salvar a ti! ¡Nadie conoce mejor tu cuerpo que tú misma!”.

La mamografía es imprescindible. Debe practicarse anualmente a partir de los cuarenta años. En mujeres jóvenes se realiza el ultrasonido de mamas. En otras, como mis hijas, que tienen el antecedente familiar de esta enfermedad, deben hacerse estos exámenes en edades más tempranas.

Hay que recordar: el cáncer de mama —si es diagnosticado en etapa temprana–, es curable en un elevado porcentaje, permitiendo después del tratamiento, muchos años con calidad de vida. Siempre debemos ser optimistas, valientes y entrelazarnos con nuestras familias para que este calor humano nos ayude a una curación más rápida. ¡Darnos fortaleza los unos a los otros y siempre tener fe en que Dios nos hace milagros personales!

Virginia, expresa: “Cuando recibí la confirmación del cáncer de mama hace unos veinte años -me confiesa-, sentí un gran impacto emocional; decidí someterme a la intervención quirúrgica de manera inmediata, apoyada y fortalecida desde luego por mi esposo, mis hijos, mi madre, hermanos y sobrinos. Recuerdo muy bien que quince días después de ser operada, nuestro hijo varón se graduaba de secundaria y, a pesar del malestar físico, disfrutamos bailando el vals, para iniciar al día siguiente el tratamiento con quimioterapia. Posteriormente también fui sometida a radioterapia”.

“¡Valió la pena!, me dice, esbozando una sonrisa. Los mejores, los más felices y fructíferos años de mi existencia los he vivido después del cáncer de mama. Disfruto la vida de una manera diferente, he visto nacer y estoy viendo crecer a mis nietos y nietas. Valoro cada día que vivo y, aunque siempre se tienen problemas, trato de resolverlos de la mejor forma posible. Y si no se puede, pues ni modo. Durante muchos años apoyé a pacientes con cáncer de mama, ayudándoles psicológicamente a aceptar su enfermedad y emprender la batalla para vencerla. Hay que aceptar el tratamiento indicado por el profesional de nuestra confianza, y especialmente perder el temor a la Quimioterapia. Hace diez años —y esto me duele mucho recordarlo— le diagnostiqué yo misma metástasis de cáncer de mama a mi propia madre. Y, aunque ella falleció dos años después, siempre está conmigo.”

Por |Dagoberto Espinoza Murra
(Psiquiatra; Hospital y clínicas La Policlínica S. A.)

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