20 Razones para Amar Honduras

20 Razones para Amar Honduras

Honduras está repleta de rincones hermosos por toda su geografía. Además, es rica en historia, letras, música, y mucho más. Aquí nacimos, aquí nacieron nuestros hijos, y muchos queremos vivir el resto de nuestra vida en este lugar. El mes de la patria es propicio para recordar quiénes somos, y las muchas y valiosas razones por las que debemos enorgullecernos los hondureños.

Mi patria es altísima.
No puedo escribir una letra sin oír
El viento que viene de su nombre.
Su forma irregular la hace más bella
Porque dan deseos de formarla, de hacerla
Como a un niño a quien se enseña a hablar,
A decir palabras tiernas y verdaderas,
A quien se le muestran los peligros del mundo.
( “El nombre de la Patria” de Óscar Acosta, segmento)

Nuestros niños.

En el rostro de la infancia están retratados los sueños e ideales de un país, y en Honduras tenemos millones de pequeñines que representan el futuro de nuestra patria. Cada uno de ellos es un tesoro invaluable, cuya educación y formación moral depende de todos y cada uno de nosotros. Valoremos su rol como transformadores y esmerémonos en darles lo mejor de nosotros mismos, no solo con amor y cariño sino con sentido de sacrificio, constancia y disciplina.

Nuestra fe.

Desde tiempos ancestrales, la creencia en un ser superior ha sido un rasgo propio de nuestra cultura. Nuestros antepasados precolombinos dejaron grandes huellas de sus creencias, que más tarde se transformarían con una profunda conversión al cristianismo, a todo nivel social. Hoy, las manifestaciones de fe incluyen, desde las hermosas creaciones artísticas heredadas de la era colonial, hasta fiestas plenas de color y creatividad como las celebradas en honor a la Virgen de Suyapa, Semana Santa y Navidad.

Un legado milenario.

El misterio que encierra la civilización maya (y otras por descubrir) es un reto para las futuras generaciones de hondureños que tienen en su patio trasero un verdadero laboratorio histórico listo para ser explorado, interpretado, registrado y sobre todo, honrado. El reto está en sembrar en sus mentes interés por la investigación de nuestro pasado y establecer una visión de futuro, dando a estos temas la importancia que merecen como factor trascendental para nuestra identidad nacional.

El legado colonial.

En su libro “Constructores Artísticos Entre Siglos”, doña Irma Leticia Silva de Oyuela plasma un boceto hablado del mapa de pueblos coloniales diseminados por nuestro territorio, que dan testimonio de un pasado rico en manifestaciones artísticas y arquitectónicas, muda evidencia de un pasado aún por descubrir e interpretar. No lo pasemos por alto.

El pensamiento hondureño.

Nuestra patria ha producido valiosos hombres y mujeres que con brillo y elocuencia, escribieron letras ricas en contenido, sensibilidad e inteligencia, que inspiran a quienes las buscan, y son parte esencial de la educación de todo buen hondureño. José Cecilio del Valle, Francisco Morazán, Rafael Heliodoro Valle, Froylán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Ramón Rosa, Juan Ramón Molina, Medardo Mejía, Helen Umaña, Irma Leticia de Oyuela y Roberto Sosa son unos cuantos.

El arte hondureño.

Honduras es cuna de importantes exponentes que adornan paredes y espacios privados y públicos dentro y fuera de nuestras fronteras. Galerías, museos, ambientes comerciales y residencias hondureñas están llenas de trabajos que exhiben gran cantidad de técnicas y estilos que son orgullo de los conocedores y deleite de los amantes del arte. Pablo Zelaya Sierra, Mario Castillo, Roque Zelaya, Gelasio Jiménez, Armando Lara, Santos Arzú y Adán Vallecillo son unos de los más trascendentales.

Sus playas.

En su infinita generosidad, Dios ha dotado a Honduras de bellos parajes, destacando cientos de kilómetros de bellísimas playas blancas en el Caribe hondureño, y exóticas playas oscuras en la zona del Golfo de Fonseca, en la costa del Pacífico hondureño. Perfectas para el descanso y la diversión, están catalogadas como las más bellas de Centroamérica y sin duda, entre las mejores playas del mundo.

Sus bosques.

Los bosques y junglas permiten que las cuencas hidrográficas sostengan el agua, fundamental para la vida. Son vitales para la producción de oxígeno, la flora y las cadenas alimenticias de la fauna silvestre, incluyendo aves y reptiles. Depredarlos desordenadamente provoca desastres naturales, como derrumbes y sequía. Ya que el 79% del territorio hondureño es montañoso, los bosques que cubren nuestras cordilleras son particularmente valiosos.

Sus montañas.

Nuestro país se define, precisamente, por ser una tierra montañosa, con casi la totalidad de su territorio cubierto de montes, lomas y cordilleras que le dan un look singular, bellísimo. Nuestras montañas, adicionalmente, albergan frondosos bosques que constituyen complemento perfecto a la accidentada geología de nuestro territorio, y que cuando están bien preservados, son fuente de riqueza para el país y para las poblaciones que viven en y alrededor de ellas.

Arrecifes de coral.

En el corazón del mar Caribe, las Islas de la Bahía se yerguen majestuosas sobre el segundo arrecife de coral más grande del mundo. Los mares, las corrientes submarinas y los rayos solares que bañan estas costas han esculpido y alimentado, en el transcurso de los siglos, un bellísimo jardín submarino cuya rica diversidad atrae las más bellas especies de peces y plantas submarinas de nuestro planeta.

Una rica cocina.

La canción “El Encarguito” del cantautor Guillermo Anderson menciona apenas algunas entradas del rico recetario hondureño. ¡Son tantas las delicias de nuestra cocina por las cuales debemos sentir orgullo! Los tapados olanchano y costeño, las pupusas (insistimos, también son de aquí), los tamalitos, y por supuesto, los infaltables frijoles.

Su fútbol.

La pasión por el “deporte más hermoso del mundo” está muy enraizada en la conciencia colectiva hondureña, y su evidencia es la cantidad de jugadores catrachos que militan en las ligas de Europa, Asia, Norte y Sudamérica. Aunque hay mucho por madurar en la organización de cuadros locales y en la preparación a nivel de selección, la semilla está sembrada y le auguramos a Honduras un brillante futuro en el futbol mundial. Como dice el himno del autor Miguel Castillo Girón: “Adelante Selección”.

Sus canciones.

La producción musical hondureña va mucho más allá de El Xique o El Sueñito, Candú o Pitero, algunos favoritos del género folclórico. Desde Lydia Handal (Bananero) a Moisés Canelo (Noche de Luna en La Ceiba), nuestro inventario incluye docenas de bellas creaciones de Guillermo Anderson, varias coloridas (y atrevidas) de Polache, rítmicas interpretaciones de los Silver Star de La Ceiba, y la inolvidable ”Sopa de Caracol” de la Banda Blanca, que alcanzó fama mundial.

La alegría del hondureño.

Los espacios jocosos en los diarios, radio y televisión catracha patentizan la capacidad que tenemos los hondureños de reír ante la desventura, rasgo que nos convierte en seres alegres, capaces de enfrentar la adversidad con sentido del humor. Notable es también la alegría que se vive durante las fiestas familiares, de fin de año, o en cualquier fin de semana, cuando las calles se llenan de hondureños en perpetua celebración.

Nuestra diversidad.

No hay espacio para el racismo en el corazón del hondureño, y nuestra historia está llena de evidencias. Hemos acogido seres de todas las razas, que se han fundido con las etnias locales, creando un mosaico multicolor de gran belleza. Los cargos prominentes que han logrado hondureños de todas las razas en campos que van desde la política y la empresa hasta la cultura, el arte y los deportes demuestran que la unión hace la fuerza.

El himno nacional.

El himno nacional de Honduras es un poema que plasma en siete estrofas las raíces históricas de una tierra de gran belleza, dejando entrever un pasado precolombino ilustre, admitiendo las limitantes del colonialismo, y que culmina lleno de fe vislumbrando un futuro brillante. La visión de Augusto C. Coello al dedicarlo a nuestra bandera, símbolo de unión centroamericana ennoblece a nuestra nación, honra los ideales de Morazán, y pavimenta un futuro próspero no sólo para nuestra tierra, sino para toda la región.

La flor nacional.

La que hemos conocido como la Brassavola Digbyana también es llamada Ryncholaelia Digbiana, rara especie de orquídea, bella flor blanca que por las noches llena el aire con fragancias parecidas a los cítricos. Su estudio ha sido material de intenso debate entre los botanistas, quienes se han inclinado recientemente por llamarla Rincolaelia Digbyana, flor que tiene su hogar en los bosques cerca del mar, en ambientes más bien secos.

El árbol nacional.

Desde 1927, el pino es nuestro árbol nacional, estableciéndose como prioridad el tomar todas las medidas necesarias para su conservación y mantenimiento. La abundancia de bosques de pinos y la utilidad que tiene para los hondureños a todo nivel va desde la producción de oxigeno de los bosques hasta la elaboración de muebles, hasta bellos tallados de madera típicos de nuestra artesanía. Proteger los bosques, evitar los incendios, y trabajar unidos por darle una explotación sostenible al recurso es deber de todo buen hondureño.

Nuestra bandera.

La unión centroamericana quedó plasmada en el emblema que nos representa ante el mundo desde el año 1866, cuando lo establece la presidencia de José María Medina. Es un homenaje al orgullo que sentimos por nuestro cielo y océanos, así como por la paz, representada por el bloque de blanco que atraviesa el azul de nuestra bandera. Nuestra insignia nos ubica como una nación amistosa, que valora altamente el ideal Morazanista de unidad centroamericana.

Nuestros próceres.

Desde la legendaria valentía de Lempira, cuyo amor por su tierra le inspiró a unir a los pueblos indígenas para evitar la conquista, Honduras ha sido cuna de hombres y mujeres que desde sus respectivos frentes, han luchado y luchan aún por mantener intacta la dignidad de la patria. Es deber de todo hondureño, seguir el ejemplo de José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes, Francisco Morazán, y tantos otros cuyas vidas son dignas de imitar en la defensa de los derechos y deberes de una patria libre e independiente.

Por: Alejandra Paredes L.

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