Un estudio reciente confirma que beber vino con moderación reduce el riesgo de padecer degeneración macular, la causa más frecuente de ceguera en mayores de 65 años.
Se sabe que desde tiempos antiguos, el hombre ha utilizado la vid silvestre para obtener sus frutos, las uvas.
Griegos, fenicios y romanos impulsaron el cultivo de la vid, siendo estos últimos los que obtuvieron distintas variedades asociadas a distintos tipos de suelo, mejoraron la poda y son los primeros que “embotellaron” en vidrio el vino.
Existen muchas variedades de uvas, crecen agrupadas en racimos de entre 6 y 300 uvas. Pueden ser negras, moradas, amarillas, doradas, púrpura, rosadas, marrones, anaranjadas o blancas, aunque estas últimas son realmente verdes y evolutivamente proceden de las uvas rojas con la mutación de dos genes que hace que no desarrollen antocianos, siendo estos los que dan la pigmentación.
Sin embargo, en general se habla de verdes y negras. Como fruto es un alimento con un contenido en nutrientes muy interesante, en cantidades variables si analizamos uvas frescas o uvas pasas, vino o mosto (zumo de la uva) no fermentado.
El 80 por ciento del peso en las uvas frescas es de agua, muy próximo al contenido de hidratos de carbono en las uvas pasas. Minerales como potasio (en especial en la uva negra), fósforo, calcio, magnesio, sodio, hierro y zinc; vitaminas: A, B1, B2, B6, C, E, niacina y flavonoides, fenoles y taninos, completan la complejidad de este alimento que en determinados grupos se ha llegado a adoptar como ideal para curas de depuración del organismo y para cosmética..
EL JUGO
El vino también tiene cualidades nutricionales y que, tomado con moderación, resultan beneficiosas. La principal de ellas es su propiedad antioxidante, el poder para disminuir el estrés y retrasar el envejecimiento.
Estas cualidades se deben a la presencia de compuestos fenólicos, como los flavonoides y principalmente el resveratrol, un compuesto que tiene una gran capacidad de prevenir la formación de colesterol malo y un gran poder antioxidante, además de proteger los vasos sanguíneos y el colágeno de las paredes vasculares, la agregación de plaquetas y la formación de coágulos.
Un estudio reciente de la American Geriatrics Society, dice que ingerir vino con moderación reduce el riesgo de padecer degeneración macular, la causa más frecuente de ceguera en mayores de 65 años. Por lo dicho no es desaconsejado, si no existe una contraindicación médica, beber un vaso de vino tinto en las comidas principales.
LAS CALORÍAS DEL VINO
Además de los efectos alcohólicos del vino, el mayor problema del consumo es su alto poder calórico, lo que obliga a tomarlo con moderación.
Teniendo en cuenta que cada gramo de alcohol tiene 7 calorías, que el grado alcohólico del vino son los mililitros o centímetros cúbicos de alcohol en un litro (16º equivale a 16 mililitros de alcohol en litro de vino), y un centímetro cúbico son 0,8 gramos, nos bastará multiplicar el volumen de una copa, un vaso, jarra, etc., por 0.8 gramos y por las calorías que tiene un gramo.
Tal que las calorías debidas solo al alcohol, sin sumar el resto de componente que aportan energía resulta: En 100cc de vino de 16º hay 1,6cc de alcohol por 0,8 gramos por 7 calorías por gramo. Según tablas: 100g vino mesa 60-80 Kcal.






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