Ana Kafie: celebra 20 años de sonrisas

Operación Sonrisa funciona en una casa amplia, llena de luz, en la colonia Lara de Tegucigalpa. En sus pasillos se respira mucha actividad, inspirada en el movimiento fundado por el cirujano plástico norteamericano Dr. William Magee en Filipinas en 1982. Operación Sonrisa, que opera casos de labio fisurado y paladar hendido es hoy un movimiento mundial que  le cambia el rostro a miles de personas, y las vidas de familias y comunidades enteras. En Honduras, la iniciativa cuenta con instalaciones propias y cinco brigadas al año. Su presidenta Ana María (Ani) de Kafie, nos comparte sus inicios, evolución, actividades, estudios y descubrimientos, haciendo énfasis en la incansable labor que realizan con voluntarios médicos y no médicos  que conforman un equipo extraordinario.

Ani Kafie, de origen cubano-americano, aceptó colaborar con Cromos siempre y cuando se hiciera énfasis especial en el trabajo de tantos voluntarios que a lo largo de 20 años han obrados milagros en las vidas de miles de pacientes. Nos atiende con Melissa Girón, asistente de la directora Jeanie Barjum quien nos ayudó en la coordinación de este reportaje.  Entre ambas nos relatan anécdotas (tienen miles) como la del niño que saliendo de cirugía, le pregunta a la psicóloga que cuándo sería su siguiente operación. Sorprendida, la asistente le preguntó que a qué se debía esta pregunta. Y el niño le respondió que nunca en su vida su familia había tomado los tres tiempos de comida por los cinco días seguidos que Operación Sonrisa se hizo cargo de ellos.  O el caso del señor que a sus  53 años se operó su labio leporino y lo primero que dijo al verse al espejo fue: “ahora sí podré tener novia”. El paciente había vivido en las montañas, avergonzado por su aspecto  toda su vida. Cada persona tocada por Operación Sonrisa es un verdadero retrato de la realidad que sufre la población en extrema pobreza, y es además un llamado a la solidaridad.

Sin embargo, es preciso reconocer que el liderazgo de Ani (como le dicen sus seres queridos) es fundamental en esta labor, que ha crecido gracias a la sensibilidad, visión y un deseo patente no solo por sanar las heridas físicas, sino los traumas psicológicos y sociales, entre otros detalles que describiremos más adelante.

Breve retrato de Ana Kafie

Antes de seguir, debo expresar que el mayor regalo de nuestra labor en CROMOS es conocer a fondo a personas que voluntariamente nos brindan una mano de ayuda. Sobre todo cuando se integran a nuestra sociedad formando a su familia aquí, el valor de tenerles radica en que ellos y ellas transfieren un nuevo sentido de responsabilidad hacia los necesitados, una labor madura y organizada, impresa por antepasados que destacaron por ser auténticos servidores de su patria.

Ana María García Vélez desciende de familias de mucho prestigio de Cuba. Hija y nieta de gente muy luchadora y estructurada, entre sus ancestros se cuentan próceres y presidentes. Cuenta que sus padres salieron de Cuba y que su hermano mayor dio sus primeros pasos en el aeropuerto el día que dejaban para siempre la isla. De gestos suaves y elegantes, Ani sonríe ante nuestra ocurrencia que el pequeño caminó para salir corriendo de Cuba, como si presintiera los cambios que vendrían. Ya en Florida, sus padres debieron comenzar desde cero, formando una familia de seis hijos.  Les bastó la exquisita formación y educación en valores que traían desde su tierra natal, pues con empeño y dedicación pronto alcanzaron el sueño americano.  A los pocos años, su padre se integró a una empresa transnacional que viajó con toda  su familia a colaborar en la realización de desarrollos turísticos en República Dominicana, donde Ani pasó sus años de juventud.

Fue allá que conoció al empresario Alex Kafie, con quien se casó, llegando a Honduras en los años ochenta, estableciendo su familia en Tegucigalpa. Durante sus primeros años se dedicó en cuerpo y alma al hogar, a educar a sus tres hijas y llevar a cabo la vida de una familia normal. Sin embargo, muy pronto, doña Ani sentiría un llamado a colaborar con los demás a raíz de un episodio trágico en nuestro país: la llegada del huracán Mitch en 1998.

Sonrisas Amigas

Toda adversidad por dura que sea, si se asume con visión positiva, da a luz obras extraordinarias. Cuando Honduras sufrió el paso de Mitch, nuestro país vivió momentos terribles que revelaron al mundo el grado de fragilidad y carencia que sufre tanta gente en este país. El mundo respondió a nuestro llamado a solidarizarse y  lo hacen hasta hoy, ofreciendo un ejemplo de caridad digno de imitar.

Después de Mitch doña Ani quiso ayudar en lo posible. Comenzó enviando ollas con alimentos preparados para los albergues de los miles de damnificados del huracán, que dejó destrozos en casi todo el territorio. Pronto sintió que podía dar más y se apuntó con el Hospital San Felipe, institución pública que atiende gratuitamente a los más pobres en la zona norte de Tegucigalpa.  Se unió al Comité Pro Ayuda de este hospital, extraordinario esfuerzo conformado por voluntarios de la sociedad civil que apoyan el centro, ubicado al norte de Tegucigalpa.

Para iniciar su voluntariado, doña Ani fue asignada por su entonces director, Julio Cantero al departamento de órtesis y prótesis del San Felipe, encargado de canalizar donaciones y preparar a los pacientes que después de amputado llegaban a tratarse para recibir una órtesis o prótesis y rehabilitación. Una de estas brigadas, la organización Operation Smile, llamó la atención de doña Ani. El contingente de doctores estadunidenses viajaban a Honduras a realizar trabajos de reconstrucción de paladar hendido y labio fisurado (o leporino). Era una larga lista de  padres de los niños que acudían buscando ayuda. En el Hospital San Felipe venia una brigada anual de Operación Sonrisa en lo cual los niños tenían que pasar la evaluación a ver si calificaban para operarse bajo los estándares de la organización. Si no podía ser operado ese año tenía que esperar a la  brigada del próximo año , y volver al proceso de evaluación .Operación Sonrisa sostenía un convenio con el Comité ProAyuda mediante el cual se les anotaba para la siguiente brigada, preparándoles con atenciones previas y estableciendo prioridades acorde a los diagnósticos de cada caso.

Ani quedó cautivada al presenciar por primera vez como una operación que duraba 45 minutos (“medio tiempo de un partido de fútbol”) tenía el poder de cambiarle la vida a un niño o niña y por extensión a su madre, padre, hermanitos, en fin, a su familia entera. En especial, se enamoró del instante mágico cuando el espejo les mostraba su rostro reparado, completo, descubriendo su belleza, y comprendiendo que el sufrimiento llegaba a su fin. Esta realidad tocó una fibra muy sensible en su interior: “me enamoré porque pude ver la gratificación instantánea que lleva a un cambio radical de vida”. Como madre de familia Ani comprendió la importancia de ese momento, repleto de emoción y sorpresa. Y desde entonces se dedicó a colaborar con ellos viviendo muchos momentos más, y hasta la fecha.

Pronto deciden crear un grupo “Sonrisas Amigas”, para relevar las actividades del Comité y hacerse cargo de todo lo necesario para que las siguientes  brigadas pudiesen realizarse, recaudando fondos y haciendo posible traer y brindar hospedaje, alimentos y todo lo necesario para que las misiones pudieran venir, devolviendo la sonrisa a tantas personas.

“Sonrisas Amigas” creció mientras aparecían más pacientes en diferentes puntos del país. Así se establece un capitulo formal de Operación Sonrisa en Honduras, que ha ido fortaleciendo el programa gracias  a la ayuda de sus voluntarios, mientras nuevas ideas amplían los servicios de la organización para que los pacientes y sus familias reciban un trato completo.

Pronto, una misión anual no bastó para la cantidad de casos que aparecieron y se les unieron médicos locales. Hoy el Hospital María de Especialidades Pediátricas y el Hospital General San Felipe de Tegucigalpa prestan sus instalaciones, mientras se acondiciona una sala de operaciones en la sede de la organización. Para las cinco brigadas anuales prestan sus instalaciones también el Hospital General Santa Teresa de Comayagua, el Hospital General del Sur en Choluteca y el Hospital General de Occidente en Santa Rosa de Copán.

Ani hace énfasis en el ferviente deseo de la gente en Honduras de ayudar, agradeciendo a las diferentes instancias (imposible mencionarlas a todas) del gobierno, empresa, ONG, ministerios de salud y educación, y a los tantos grupos de apoyo que contribuyen y colaboran con las misiones.

 “En nuestra clínica se ofrece un tratamiento integral”, revela, contándonos de qué se trata. Comenzaron por organizar sus bases de datos para dar seguimiento a cada paciente, conocer a fondo el problema, sus implicaciones psicológicas, sociológicas y médicas, solventar los problemas de nutrición, psicología, audición, lenguaje y dentales (uno de los mayores problemas, cuenta Doña Ani). Un personal capacitado atiende a los visitantes y coordina brigadas o misiones que viajan fuera de la ciudad. “Siempre estamos abiertos a recibir nuevos voluntarios y donantes”, recalca.

“Muchos médicos hondureños se apuntan a operar desde hace muchos años”, comenta.  Es un voluntariado que dona su tiempo y capacidades para participar en todas las brigadas. “Tenemos voluntarios médicos: psicología, ortodoncia, pediatría etc. Ellas y ellos ayudan a los pacientes con un servicio bien documentado y programado y no nos alcanzan las palabras para agradecerles”, enfatiza. 

Pero Operación Sonrisa va más allá. Se ha propuesto erradicar totalmente la existencia de niños con labio leporino y paladar hendido, intensificando la búsqueda. “Para el proyecto de erradicación, recibimos la valiosa ayuda de Ingeniería Gerencial buscando mediante el uso de volantes repartidos de casa en casa a más pacientes que necesiten tratamiento”. Así encontraron el doble de personas, niños y niñas en necesidad de recibir tratamiento y recuperarse del problema de forma integral.

Escuchando a Ani nos damos cuenta no solo de las dimensiones del problema, sino del fuerte trabajo que realizan a favor de los pacientes, esfuerzo que no se queda en la reparación de la malformación sino que se ha entrado incluso  en una fase de investigación a profundidad. 

Para el estudio formal, recolectaron muestras de saliva de los pacientes, de sus padres y familiares para analizar el ADN, con la  ayuda de laboratorios de La Universidad del Sur de California. Así descubrieron las causas que originan las malformaciones en Honduras. “Para comenzar, no se trataba de carencia de ácido fólico, se trata de un panorama multifactorial que propicia su aparición. El estudio, entregado por la junta directiva al Presidente Juan Orlando Hernández este año, arroja que no se sabe exactamente la causa, pero que los factores de riesgo incluyen ámbitos con humo de leña y/o cigarrillos, consumo de alcohol en el embarazo, madres con hipertensión y convulsiones (incluyendo epilepsia) y la edad avanzada de la madre (mayor de 45 años).

Otro programa muy importante “no solo para Operación Sonrisa sino para Honduras”, es la solidaridad de los beneficiados. Un día notaron que llegaba el mismo señor a traerles pacientes nuevos. A este señor llamado Don Alex, hacia unos años le operaron a un hijo en Operación Sonrisa y venía desde Olancho, encargándose con sus medios de personalmente de encontrar niños que padecen el mal  para llevarlos a la clínica. Así nace el programa “Acompañando Sonrisas” integrado por beneficiados que buscan en sus pueblos a las personas, los preparan y traen a Tegucigalpa a recibir tratamiento. “Son personas que merecen ser reconocidas pues han aprendido a compartir lo que se les ha dado a ellos, y que viven la experiencia de ayudar a los demás”.

Operación Sonrisa hoy

Ya que las malformaciones generalmente se presentan en familias que viven en extrema pobreza, la recaudación de  fondos ha sido y será clave para lograr sacar adelante la organización. El día de las fotos había mucha actividad en las oficinas. Dos días atrás se había celebrado la carrera anual de Operación Sonrisa, denominada “Kilómetros por Sonrisas”. Debemos agradecer la labor de la directora ejecutiva Jeanie Barjum y todos los miembros de la Junta Directiva quienes realizan una labor extraordinaria, al personal de planta que trabaja duro todo el año y a grupos juveniles escolares (Youth Clubs) que desde algunas escuelas bilingües se unen en las actividades de recaudación de fondos y apoyo. Es preciso también mencionar y agradecer a todos los patrocinadores que sin el apoyo económico no hubiésemos podido realizar las 4,800 cirugías y más de 30,000 consultas que han beneficiado a miles de hogares en nuestro país.

Este año 2017, se han celebrado más actividades para dar realce a los 20 años de la presencia de Operación Sonrisa en Honduras, incluyendo la visita del Dr. Magee, para lo que se celebró una cena de gala para recaudar fondos con una importante asistencia. También tienen a la venta el Mojito Mix, entre otras ideas que van surgiendo, a veces disfrazadas de infortunio.

Por ejemplo, el gusano descortezador que atacó los bosques de pino por toda Honduras en 2016 y que representó la pérdida tantos árboles de pino generó una muy buena idea. Se aprovecharon algunos de los árboles caídos y con los alumnos del Estudio de Arte de Carolina Carías se pintaron bases para plato, mesas y bancas, (tras pasarlas por un tratamiento de secado) y se pusieron a  la venta para recaudar fondos para Operación Sonrisa en bazares como “Navidad en Octubre” y en la exposición del mencionado Estudio.  Se le dio vuelta a una situación difícil para hacer el bien a los demás.  

Finalizamos comentando el gusto que nos ha dado conversar con Ani Kafie. En ella se nos reveló una mujer de una gran sensibilidad quien con voluntad, organización y sobre todo un ferviente deseo por ayudar, logrando transmitir el espíritu de Operación Sonrisa, que no solo entrega sonrisas a sus pacientes, sino a todos los involucrados en esta labor de amor y transformación de vidas.