En una palabra: tranquila

Nos encontramos en el lobby de un hermoso edificio, donde labora para una empresa privada internacional que brinda servicios al Estado. He estado persiguiéndola por días, tratando de que me cuente su vida. Además de tocaya, Ale (como le llamo amistosamente) es colega en el ramo de las comunicaciones, y siempre he guardado especial interés en su trayectoria. La oportunidad pues, fue formidable para escucharla y comprender su visión de la vida y el lugar en que se encuentra actualmente.

 Como ella misma nos explicó durante nuestras pláticas, Alejandra Rodríguez es una mujer de ciclos, y hace siete meses supo que su tiempo en Televicentro, diecisiete años de proyección audiovisual diaria, llegaban a su fin. Era el momento de emprender una búsqueda diferente, que representase nuevos retos a la vez que le otorgara el espacio y el tiempo necesario para dedicarlo  a su esposo y sus dos pequeños hijos.

Mujer de pocas palabras, Alejandra nunca tuvo ambages ni poses de diva. Quizá fue timidez, aunque sospechamos más bien que es el deseo de privacidad que surge cuando se ha estado en las pantallas durante tanto tiempo. En el proceso de escribir este reportaje, nos dio la impresión, una y otra vez, de que existen ángulos de su vida que no quiere ventilar públicamente, y eso está perfecto. Quienes trabajamos en los medios de comunicación sabemos lo tortuoso que puede llegar a ser “andar en boca de todo mundo”, y son nuestros hogares guaridas en las que nos gusta refugiarnos, espacios en los que podemos ser nosotras mismas sin dar cuenta de ello a nadie.